Polifontes, el "Asesino de muchos"

Interpretación de la Leyenda:

Edipo es un personaje semihistórico, aunque poco se sabe de él por la Historia. Pero no es posible que existiera un monstruo como la Esfinge, que, con sus cánticos enrevesados impedía pensar a los hombres y devoraba a los que no resolvían su enigma. En la Leyenda, parece que se mezcla lo real con lo irreal, lo puramente fantástico.

Pero, ¡cuidado! Los antiguos tenían la costumbre de personificar conceptos abstractos en dioses y monstruos. Por ejemplo, el amor, el sentimiento amoroso, estaba personificado en el dios Eros, que hería con sus flechas a quienes se enamoraban. También el sueño era un dios, Morfeo, o la muerte, su hermano Tanathos.

Edipo atado de pies y manos, según Pier Paolo Pasolini.

Es posible que la Esfinge represente un fenómeno natural no tan corriente ni conocido como el amor, el sueño o la muerte. Un fenómeno social que impide a los hombres pensar o ver ciertas realidades que les llevan al aniquilamiento, a la muerte masiva. Como la guerra, representada también por el dios Ares (=Marte), pero no exactamente la guerra.

Así, por ejemplo, en la obra "Edipo Rey", de Sófocles, el Coro canta: "Ahora, el dios de la guerra sin escudos de bronce nos ataca". Sin armas de guerra, quiere decir Sófocles, pues Edipo vivió en la Edad del Bronce. Un ataque como el que denuncia la feminista Cristine Hoff Sommers, que, según ella, llevan a cabo otras feministas, "las de género", por ejemplo, desde sus cátedras de Universidad...

Los hombres mueren, las mujeres no tienen hijos ( Versión Senado ), los campos no producen... El pueblo acude al Palacio de Edipo y le pide que los libre de tanta calamidad, de su aniquilamiento "inevitable".

Edipo no se hace rogar. Dice que una nave, una torre, no tienen sentido sin nadie que las habite (Edipo Rey, Sófocles). Lo mismo que una ciudad sin habitantes.

"La guerra contra los niños", de Cristina Hoff Sommers, nos recuerda el trato dado a Edipo por sus padres.

Sófocles compara el Estado con una nave, como se hace también hoy día ("todos vamos en el mismo barco"). Pero Sófocles era de Atenas, una ciudad marítima. Pero como Tebas es una ciudad interior, es lógico que sus habitantes compararan la ciudad-Estado con un carro, más que con un barco ("todos vamos en el mismo carro", también se dice).

Por lo tanto, es posible que el carro en el que iba el rey Layo en busca de la solución del problema de la Esfinge fuera el "Carro del Estado". Según la leyenda, en el carro iban cinco: el Rey, el conductor, que sería el Gobierno, y las tres clases sociales, de las cuales sólo se menciona el criado, la clase inferior, que es la única que se salva.

Así, el viaje del Rey en un carro puede ser sólo una imagen explicativa de una situación política, en la que, como es natural, todos los componentes del Estado van en el mismo carro, corren la misma suerte (más o menos). Es más probable que esto sea así que no lo que explica literalmente la leyenda, que el rey Layo viajara con tan poca escolta en un tiempo tan peligroso. La imagen de todos en el mismo carro puede parecerse a las parábolas que explicaba Jesucristo, que se ayudaba de sencillas historias cotidianas para hacer comprender principios morales abstractos.

En el caso de la Leyenda, lo que se explicaba no eran principios morales, sino fenómenos sociales o políticos mucho más difíciles de asimilar y comprender. E, incluso, de aceptar, pues los humanos nos negamos a aceptar que, en determinadas circunstancias, podamos ser tan hipócritas, tan mezquinos y tan estúpidos. Y lo que ha llegado hasta nosotros han sido sólo las historias figuradas que servían para explicar lo que realmente sucedió, que se ha perdido.

Lo que ahora nos sucede, que ocurre en países muy distantes, como España y Rusia, pero también, con características diferentes, en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, algunos países satélites de la ex URSS, etc., nos hace pensar que este fenómeno sociopolítico no es casual, ni singular, sino que se produce frecuentemente en las sociedades desarrolladas, cuando han llegado a un cierto nivel de desarrollo. Aristóteles y otros filósofos antiguos ya dijeron que la tragedia de Edipo representa una enfermedad social en la sucesión de las generaciones. Y nosotros pensamos que tenían razón, y que es una enfermedad que se da en determinadas circunstancias, y que es preciso descubrir y sanar.


Cristina Hoff
Sommers

 

 

 

 

 

 

Polifontes, el Asesino de muchos:
Si nadie hace caso, si nadie repara, en estas numerosas muertes de jóvenes varones, es que hay un fuerte interés para no evitarlas. En este sentido, el no eviarlas puede ser una gran falta de responsabilidad de parte de quienes deberían vigilar que el derecho a la vida fuera real y efectivo.
Sin embargo, no intentan hacer nada para evitar estas muertes, incluso las niegan, hasta diciendo que el Anuario Estadístico del Estado está equivocado, o bien las parecen "justificar" pensando que son "naturales", que los varones mueren antes porque son de naturaleza más débil, y que, cuanta mayor "igualdad" hay, más se manifiesta esta superioridad biológica de la mujer, por lo que la diferencia de mortalidades indica que "vamos por buen camino". ¿Y ellos castigan los prejuicios sexistas? Y si, además, violan los derechos del colectivo afectado...

¿Qué pensaríamos de un médico que se negara a ver la enfermedad de su paciente porque le interesara que muriera? ¿O que le recetara medicinas contraproducentes? Si hiciera esto porque el paciente fuera su competidor en sus negocios, o en el amor de una mujer, ¿no sería reprobable que no quisiera evitar su muerte para así eliminarlo? ¿No sería un asesinato con alevosía, aprovechándose de su oficio y del supuesto que intenta curarlo?

¿Por qué no pensar lo mismo en el caso de un gobierno que no intenta evitar unas muertes extras que se producen? Y que, incluso, toma medidas que las incrementan? ¿No se encuentra en el mismo caso que el médico, pero actuando sobre millones de "pacientes" indefensos? En este sentido, ¿no es lógico que la Leyenda llame al gobierno Polifontes, o sea, "Asesino de muchos"?

¿Por qué, como pregunta Marvin Harris, nadie pide la igualdad de las longevidades? ¿O que la mortalidad de los jóvenes varones sea tan pequeña como la de las mujeres? ¿Por qué no se castigan los prejuicios sexistas que permiten encubrir estas desigualdades y estas muertes evitables?

¿Por qué se siguen ignorando los precedentes de estos fenómenos en las escuelas? ¿Por qué se permiten los prejuicios contra los niños en el profesorado, si se castigan tan fulminantemente prejuicios mucho menores contra las niñas? Evidentemente, es porque estos prejuicios son los "oficiales", los del mismo gobierno que castiga los prejuicios. Son los prejuicios de Polifontes, el "Asesino de muchos", el gobierno o la "clase política".

http://edipo.info