Ética y Edipo

No nos damos cuenta de lo frágil que es la ética colectiva. En la paz, matar puede ser muy grave, tanto penalmente como para la propia conciencia. En cambio, si estalla la guerra, matar al enemigo puede ser toda una hazaña digna de admiración. Y no digamos si la guerra es civil, en la que los enemigos son los propios compatriotas y hasta los propios vecinos y familiares. Y donde, además, quién es el enemigo puede ser harto ambiguo y arbitrario.

Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad. Pero, ¿no puede ser que la verdad perezca incluso sin guerra?

¿Acaso no sucedió algo de esto con los judíos en la Alemania nazi? ¿Estalló la guerra entre los alemanes y los judíos que también eran alemanes? ¿O polacos, o franceses, etc.?

¡No! Más bien los llevaron ordenadamente al matadero. No estalló una guerra civil entre los judíos alemanes y los alemanes arios. Simplemente, los judíos fueron identificados como enemigos y perdieron sus derechos rápidamente, hasta ser asesinados por millones.

Fue un fenómeno racista, decimos. Por lo tanto, condenamos vehementemente el racismo. Pero, ¿es necesario el racismo para que se desencadene un asesinato de millones? Ciertamente, no. Y tenemos el caso de Cambodya. Los jemeres rojos, liderados por Pol-Pot, asesinaron a millones de sus compatriotas sin que mediara ningún prejuicio racista. Se ha dicho que, en este genocidio, el verdugo y la víctima eran "EL MISMO". Sí que lo eran, si lo comparamos con el genocidio nazi, en el que, básicamente, genocidas y víctimas eran distintos, de raza distinta. Los nazis no concebían matar a la ligera a los iguales. Incluso se escandalizaron de la ligereza con la que sus aliados franquistas asesinaban a otros españoles, de la misma raza.

Pero estos genocidios tenían en común la brutalidad, los malos tratos y torturas aplicadas a las víctimas explícitamente. Pero, ¿es posible que también se produzcan asesinatos de muchos mucho más sutiles, sin escenas de violencia explícitas, podríamos decir?

De tal manera que los considerados "enemigos" murieran, pero no en manos de verdugos organizados, sino por causas aparentemente no intencionadas, aparentemente "naturales".

En este caso, sólo sería necesario camuflar la mayor mortalidad de dichos "enemigos" bajo el manto del silencio informativo o/y bajo el disimulo de prejuicios que expliquen esta mayor mortalidad suya mediante prejuicios biologicistas que los supongan más débiles y peor dotados, incluso mental y espiritualmente. De esta manera, se pueden camuflar millones de víctimas de las que casi nada dicen los medios de comunicación. Podemos ver casos que, casualmente, han salido tímidamente en ellos en los enlaces:

Muertes Ignoradas:
Rusia:
10millones de muertos -natalidad. ¿Están relacionadas la política, la natalidad y la mortalidad de los jóvenes varones? Otras versiones: Edipo ciego _¿Son ciegos nuestos dirigentes?_ Igualdad-genocidio.pdf
España:
Escalón jóvenes varones _Campeones de Europa (pdf) En Catalán .
Teléfonos muertos
_ 700 veces más que ETA _ Pregenocidas
Cataluña -Barcelona:
Se dobla la mortalidad en Bcn _Gráfica de la investigación
Responsabilidad gobernants

Mundo:
Marvin Harris: el silencio de la Ciencia . _ 1970 - 1985 - 1994 - - -Desigualdad ante la muerte

Como puede verse en esta documentación y en otras contenidas en el sitio http://edipo.info , los prejuicios se usan para ocultar y trivializar unas muertes evitables, pero que no se quieren evitar. Y la razón aparente de que no se quieran evitar también es su atribución a causas "naturales", o sea, a la supuesta inferioridad biológica de los muertos ("se mueren solos, sin causa externa o política").

Claro, ni estos prejuicios ni el uso que se hace de ellos es ético ni legal. Pero nadie pone reparos a la violación de la legalidad en los autodenominados "Estados de derecho". Siempre que esta violación vaya dirigida contra los colectivos considerados como "enemigos" en la ideología generalmente aceptada, claro. Aceptada, en particular, por los poderes públicos, por los gobiernos y por la clase dirigente en general.

Todo el mundo "pasa", pues, de la ética y de la ley. Pero Edipo no pasó. Veia que la población de Tebas, de donde era rey, sufría y se extinguía, y no se lavó las manos como Pilatos. Ni como nosotros.

Edipo investigó las causas hasta el final, en contra de los consejos de todos.

En la tragedia de Sófocles "Edipo Rey", el Coro canta:

"Ahora, el dios de la guerra sin escudos de bronce nos ataca".

Edipo vivía en la Edad del Bronce. "Sin escudos de bronce" puede interpretarse, pues, "Sin armas de guerra". O sea, los muertos son víctimas de una guerra sin armas de guerra.

¿Con qué tipo de armas, pues? Igual que ocurre ahora, nadie quiere que esto se investigue. Ni siquiera cuando los perjudicados son los niños de la escuela. Veamos lo que le respondió el Oráculo a Edipo:

"En esta tierra, lo que se busca, se encuentra.
Y sólo permanece oculto aquello que a NADIE interesa".

O sea, que a nadie interesa explicar en serio estas muertes. ¿Por qué?

A Edipo le dicen la razón: No investigues, pues tú mismo eres el asesino.

¿No será ésta la razón de TODOS? Sólo que Edipo es diferente. Como dice el escritor Jordi Coca, Edipo reacciona con una grandeza ética que nosotros y nuestros gobernantes parecemos haber olvidado.
A pesar de todo, Edipo investiga hasta el final. Y, una vez descubierto, no se siente inocente. Al contrario que nosotros y nuestros dirigentes, Edipo acepta su responsabilidad.

Ni a nosotros ni a nuestros dirigentes nos importa nada que los derechos fundamentales no se respeten. Que nuestros dirigentes juren en falso "respetar y hacer respetar la Constitución" no interesa a nadie. Ni al pueblo, ni a ellos. No damos ninguna importancia a la mentira, de la misma manera con que no damos ninguna importancia a los prejuicios con los que "explicamos" estos millones de muertes jóvenes. Aunque en un solo Estado sumen más muertes que los de la 1ª Guerra Mundial entre todos los Estados participantes. No nos interesa saberlo, igual que no nos interesa saber otras muchas cosas, ni nos sentimos responsables de nuestra intencionada ignorancia.

Pero la leyenda nos dice que ignorancia no es inocencia. Mapa del web.

La ética de Edipo. Jordi Coca. El Observador, 25-10-1992. Jordi Coca nos dice que Freud hizo un pésimo favor a la figura de Edipo al identificarlo con el "Complejo de Edipo". La figura de Edipo quedó limitada y mutilada, pues Edipo representa valores mucho más esenciales para la sociedad. Edipo llevó hasta las últimas consecuencias la investigación de los males que aquejaban a la sociedad, y cuando vió que él era el responsable, no se sintió inociente, como nuestros actuales dirigentes, sino que, bien al contrario, asumió toda su responsabilidad.

Verdad y Derecho

En España, no conocemos a ningún político partidario de respetar los derechos de los ciudadanos. O, por lo menos, ninguno da importancia a que estos derechos se respeten. Ni siquiera los derechos fundamentales. (Si algún lector conociera alguno, le rogamos que nos avise urgentemente, pues sería para nosotros como un tesoro único).

Lo venimos denunciando desde hace muchos años, prácticamente en solitario. Pero ni nuestros dirigentes, ni nadie, dan importancia al hecho de jurar en falso eso de "respetar y hacer respetar la Constitución".

Nadie da importancia a la falsedad, a la mentira, a la comedia colectiva. ¿Qué importa que lo que juran los políticos no sea verdad? ¡La verdad no se come!

Y, ciertamente, lo que quiere la gente es vivir. O sea, satisfacer sus necesidades biológicas. Y entre ellas no parece estar la verdad. Bien al contrario, "si dices las verdades, perderás las amistades", nos avisa la vieja sentencia ¡ojo con la verdad! ¡es peligrosa! La mentira, en cambio, es un arma de supervivencia, dicen algunos intelectuales. El autoengaño es imprescindible, sentencia el líder de los psiquiatras, Luís Rojas Marcos, desde la Capital del Imperio ("Autoengaño sí, gracias", El País, 20-6-1995). O sea, que no sólo es imprescindible engañar a los demás, sino también ¡a nosotros mismos! Esto es importante.

Pero, recientemente, en España, la llamada "Ley contra la violencia de género" ha hecho aumentar el número de quienes dan importancia a la mentira. Como esta ley obliga a detener a los hombres denunciados por su pareja (si ésta es mujer: de ahí la ventaja de ser gay), aunque sea sin pruebas, muchos de ellos han visto que una mentira (una denuncia falsa) sí que puede tener importancia. De momento, los detienen y encierran en el calabozo. Luego, la orden de alejamiento que no les permite acercarse a su casa y, muchas veces, tampoco al trabajo. ¡A dormir bajo el puente!, si no tienen a sus padres cerca, por lo menos, y fuera del área que no pueden pisar, ¡claro!

Y luego, la cárcel, si no pueden demostrar su inocencia de una manera tajante. E, incluso si no hay cárcel, ser detenido acusado de haber violado a sus hijas, por ejemplo, no es nada divertido. Sobre todo teniendo en cuenta que los varones tienen presunción de culpabilidad.

En cambio, la presunción de inocencia de la mujer la protege de ser molestada por haber hecho denuncias falsas. Esto les pasa a los hombres por no haberse defendido de las falsedades que se propagaron contra ellos, especialmente desde la instauración de la democracia, en 1975. La "corrección política" ejerce una censura eficaz, como indicaba el catedrático Manuel Alfonseca.

Sólo recientemente, pues, se ha protestado contra la violación de los derechos fundamentales, desde el Consejo General del Poder Judicial hasta muchos jueces y, sobre todo, juezas. Pero, hasta ahora, pocos se habían preocupado por la violación generalizada de los derechos fundamentales. Esta despreocupación general ha quedado bien patente con la votación unánime de la mencionada "Ley contra la violencia de género" de parte de todos los representantes del electorado, a pesar de saber que era inconstitucional (sólo hubo una abstención, y nadie votó en contra).

Podemos ver casos de indefensión en la columna "DERECHO" de nuestro "Mapa temático" especialmente en
Derecho a la imagen: " Cerdos " ¿Todos? Precedente: nazismo (No se defienden)

Respetar la verdad y el derecho en abstracto, por si mismos y no sólo porque nos resulta rentable en un momento dado requiere un vínculo con lo sagrado. Un vínculo como el que tenía Edipo, "el mejor de los hombres". Ver Grandeza de Edipo.