El Mono del Pardo

Dicen que, en tiempos de Franco, cuando estrenaban la película apologética del Caudillo titulada "Franco, ese hombre", la revista satírica "La Codorniz" sacó en portada la escena de un cine con una muchedumbre haciendo cola para entrar. Pero el letrero luminoso de la sala decía "Quico, ese mico".
Esta gracia le costó a la revista el cierre durante X tiempo, se decía.

Era éste uno de los muchos chistes que se contaban sobre Franco, y también sobre La Codorniz, aunque, tal vez, no fuera verdad que esta revista sacara esa portada. Pero no fue la única ocasión en la que se comparó a Franco con un mono.

Alguien era responsable
Porque el régimen de Franco tenía una ventaja que no tiene nuestro régimen actual: había quien era considerado RESPONSABLE de la política general del país, de su seguridad.

Tal vez esta responsabilidad estaba relacionada con el origen ilegítimo y sangriento de su ascenso al poder. Un sangriento golpe de Estado (que no inició él), muchos asesinatos, una guerra civil, etc. necesitaban una "justificación". Tanta muerte y tanto desastre "no valían la pena" si no se obtenía ninguna mejora a cambio. Un ejemplo de ello fue la campaña "25 años de paz".

Desgraciadamente, nuestros actuales dirigentes parecen creer que ya están justificados con su origen, en principio, legítimo, sobre todo si lo comparamos con el de Franco.

Esta "legitimidad" de su acceso al poder alimenta la idea de que todo lo que hacen está "legitimado", tanto si es violar los derechos de los ciudadanos como si es destruir a la juventud y poner en serio entredicho el futuro del país que gobiernan, así como el de sus habitantes.

El caso es comparable al del padre legítimo que viola, explota y maltrata a sus hijos. ¿Está todo bien sólo por ser padre legítimo?

El padre ilegítimo que, por ejemplo, se queda con los hijos de quien ha asesinado, pero los cuida bien, como si fueran propios, tiene también una gran culpa. Pero no es la misma culpa, y estos hijos no resultan destruidos por el padre ilegítimo, como ocurre en el caso anterior.

Para los hijos, es, pues, peor, el padre legítimo violador, explotador, que los destruye que ese padre ilegítimo, pero que se siente responsable de ellos.

Pero hay más: la violación de los derechos, la traición, se cometen también para subir y mantenerse en el poder, por lo que también podemos cuestionar la legitimidad de este poder tanto o más que la del de Franco. ¿No era cuestinable el ascenso al poder de Hitler, sólo porque ganó las elecciones con
17 millones de votos? ¿El uso ilimitado de la falsedad y de la violación de los derechos, no ilegitima el poder que se consigue con ello, aunque no se dé un golpe de Estado ni se emplee la guerra civil?

Nuestros actuales dirigentes han roto con la razón y, por lo tanto, con el diálogo. No responden de sus actos. Algo muy grave que no ocurría, por lo menos tan absolutamente, en tiempos de Franco. Ponemos a continuación un ejemplo de ello.

El Mono del Pardo:

En 1967, un estudiante del ilegal Sindicat Democràtic d'Estudiants de la Universitat de Barcelona, SDEUB, se encontró con el problema de que el miembro de la Policía Armada que le informaba (un "gris") decidió irrevocablemente dejar el Cuerpo y ponerse a trabajar en un banco. No podía, pues, continuar informándole de cómo se veía la situación "desde el otro lado".

El motivo de tan inflexible decisión se debía a la información tendenciosa que contínuamente daba la televisión sobre las protestas estudiantiles. Según la tele, dicho conflicto se debía únicamente a una "minoría vociferante" (supuestamente pagada por el famoso "oro de Moscú"), que era la que creaba todo el problema, coaccinando al resto de los estudiantes, quienes, personalmente, eran ajenos al conflicto.

Evidentemente, esto no era cierto: el conflicto estudiantil en España era semejante a los que había entonces en casi todos los países desarrollados, que desembocarían en el "Mayo Francés" de 1968 (recordemos que estábamos en 1967. Ver Atentado en Nueva York ).

Claro que este conflicto en España estaba mezclado con el conflicto político de la oposición al franquismo. Incluso el SEDUB había sido creado por las fuerzas de oposición, especialmente, por el Partido Comunista en Cataluña, el PSUC, que intentó, en vano, manejar a su antojo este sindicato.

Pero, básicamente, la versión que daba la televisión del conflicto era falsa: ocultaba la verdadera naturaleza del problema y la sustituía por otra que, indefectiblemente, conducía al núcleo duro del Régimen a pensar que consistía en unos pocos "agentes de Moscú" o algo parecido.

Esta idea creaba tensión entre algunos policías y militares que hacía temer a este policía informador que algún día ocurriría alguna desgracia, y que les harían disparar contra la multitud de estudiantes o algo parecido, como efectivamente ocurrió, por ejemplo, en México en el mismo 1968.

Esta información tendenciosa era generada por el mismo gobierno de "tecnócratas" que Franco había puesto en el poder, pues Franco era opuesto a poner militares, a quienes juzgaba "demasiado rígidos" para ocupar sin peligros el poder civil. Los tecnócratas eran un tanto ajenos a los militares y pequeños movimientos políticos implicados en la sublevación militar, y su principal fuente era el Opus Dei, una secta católica puritana, bastante odiada por falangistas y militares, mosqueados con el "Nacional-catolicismo".

Con esta información tendenciosa, los tecnócratas ocultaban su falta de comunicación con la juventud, así como su falta de conocimiento de la política. Técnicamente eran buenos y trabajadores, pero de política entendían poco. Precisamente esta falta de implicación en los conflictos políticos era una ventaja para Franco, pues le creaban menos problemas. Pero, por otro lado, inducían una pasividad politica que preocupaba a los más altos niveles del Régimen, pues creaba un "vacío" en la política. Precisamente para rellenar este vacío, el Régimen toleraba organizaciones ilegales como el Sindicato de Estudiantes, el SDEUB, permitiendo que fuera ilegal, pero no clandestino. Por estas circunstancias, no era ningún secreto que el mencionado estudiante fuera conseller del ilegal SDEUB.

En vistas del peligro existente, el estudiante decidió hablar con un "militar" de los sublevados en el 36, por entonces director de un instituto de bachillerato que, por lo que decía, se estaba creyendo la versión de la tele (también Franco se la creía, aunque con dificultad, según puede leerse en las "Conversaciones privadas con Franco", diario escrito por su secretario personal y primo, Francisco Franco Salgado, en las que éste expresa su dificultad para entender esta versión de los hechos, y Franco le da cierta razón (5 de diciembre de 1968). Así, mientras el mencionado Director andaba diciendo que el problema universitario persistía porque los estudiantes sólo se ocupaban "de la ley del péndulo" y dejaban hacer a la "minoría vociferante" de la tele, Franco comenta a su primo que tal vez sean las consignas de las madres diciendo a sus hijos "tú no te metas en nada" las que provocaban esta "pasmosa pasividad" de la mayoría "neutral").

Aunque hacía años que no le había visto, lo conocía personalmente, por lo que se dirigió a su despacho en el instituto y le explicó la falsedad de la versión "oficial" de la situación y la desconexión entre las autoridades académicas, el gobierno y los estudiantes, las mentiras con que se ocultaba esta desconexión y las situaciones ridículas que originaba, incluídas las intervenciones de la famosa Brigada Político-Social.

El insurrecto quedó visiblemente "tocado", y dijo que ya hablaría con el Dr. Linés (que fue con quien habló Franco cuando vino a Barcelona con motivo del conflicto estudiantil de los 50) y con el decano, Dr. Mariano Velasco (que era habitual asistente a las asambleas del SDEUB, así como el hijo del Dr. Linés), para comprobar y completar la versión de los hechos que le dió el estudiante, que le habían dejado un tanto con "la mosca tras la oreja".

Al cabo de unos pocos días, el estudiante volvió para interesarse por el resultado de las pesquisas del Director. Pero lo halló como muy ocupado en su trabajo. Al presionarlo para que le explicara su postura, el Director le dijo: "Tú, ocúpate de la ley del péndulo, y no de estas cosas".

El estudiante vió que el Director había descubierto que las cosas estaban mal, que los responsables del momento no se aclaraban ni entre ellos, y que al Director debía darle vergüenza explicarle lo que había encontrado en el Régimen que él había ayudado a imponer.

Así que decidió someterlo a un hiriente interrogatorio, diciendo: "¡Vaya, vaya! Veo que decimos todo lo contrario de lo que antes decíamos...! ¡Vaya que si hemos "cambiado de camisa"!, etc."

Hasta que el viejo insurrecto estalló, gritando: "¡Al tío Pepe (señalando el retrato de Franco), lo han engañado "como a un mono"! "¡COMO A UN MONO!" Los del OPUS, -gritaba. ¡Ya verás cuando empiecen los tiros! ¡Cómo correrán! ¡Como conejos!, etc.

Bueno, al "Tío Pepe" lo habían engañado... como a él mismo. Es increíble cómo nos creemos lo que oímos repetir día tras día, por más listos e independientes que nos creamos, como era el caso de este sublevado, que no confiaba nada en los periodistas, ni en lo que decían los medios de comunicación, ni en la "opinión pública", de la que decía que era "lo que unos dicen y otros repiten". ¡Qué poco sospechaba que él mismo "repetía"!

A pesar de las precauciones que tomamos, ¡qué fácil es caer en la misma trampa! ¡Qué fácil es pensar que "los nuestros" no nos engañan como aquellos a quienes un día combatimos!

Sea con el control de la "verdad" mediante censura, sea con una teórica "libertad de expresión", ¡qué fácil es ocasionar un peligroso engaño colectivo! Incluso, ¡un AUTOENGAÑO!

El estudiante recomendó al antiguo sublevado no empezar a disparar. De todos modos, a pesar de su lenguaje, que parecía amenazar con querer fusilar al gobierno entero, en estos momentos los sublevados, ya viejos, no eran tan peligrosos. Además, ya se cargarons a muchas autoridades de la República, pero era difícil que se cargaran a las que ellos mismos habían puesto. Bueno, o que había puesto "ese mico" que, de todos modos, no era más tonto que los demás, ni tampoco más tonto que nosotros.

Posiblemente, por la acumulación de denuncias, y por algún escándalo que saldría a los medios de comunicación, como el de MATESA, hacia el final del Régimen, los tecnócratas vieron su declive, sindo sustituídos por los sublevados o por sus escasos seguidores. Tanto los unos como los otros ya no eran tan fogosos, ni tan bárbaros como en el tiempo de su sublevación. El mismo Presidente de la transición, Adolfo Suárez, procedía de estas filas, y fue el presidente más liberal de toda la democracia.

Ahora, con el cuento del "estado de Derecho", se confía demasiado en el automatismo de la democracia, en su supuesta "transparencia" y en el reinado de la razón y de la libertad.

Pero si a nadie le importa la violación de los derechos, si nadie se hace responsable de su respeto, si nadie está verdaderamente abierto al diálogo, si todos somos una especie de Pilatos pillines que nos lavamos las manos de todo, entonces, no hay libertad ni justicia y, a la larga, nos hundimos lentamente.

(Continuará)