El poder de los neoprimitivos

Algún lector puede pensar que los neoprimitivos serían pronto marginados y desprestigiados en las universidades y en todos los lugares en los que se presentaran.

¡Todo lo contrario! ¡Eran ellos los que marginaban, desprestigiaban y hasta expulsaban a los demás!

¡Son las ideas más simplistas las que se propagan más fácilmente y las que encuentran mayor multitud de adictos! Esto nos lo explica el mismo Hitler en su "Mein Kampf" (Cap. VI), en donde dice que, para abarcar toda una nación, el líder debe pensar que nunca habrá bajado suficientemente el nivel intelectual de su discurso.

Por lo tanto, debemos tener cuidado con los discursos de muy bajo nivel intelectual, pues ¡pueden hacerse dueños del poder político! Todo el mundo se reía de lo que decía Hitler, y luego pasó lo que pasó.

"No hay nada peor que despreciar las fuerzas del enemigo.
Despreciar sus fuerzas, es estar a punto de perderse..."

... dice muy bien el Tao. Las ideas neoprimitivas tienen mucho éxito si nadie les planta cara. Y esto es lo que sucedió con Hitler... y ahora con nosotros.

 

Imagen: Chistes: "Cada día hay más información, más amplia y más puntual, pero de lo mismo que no se informaba, se sigue sin informar". "La primera virtud del político es mentir con convicción, imperturbablemente, como el acusado que ser juega la legislatura y la vida".

No es extraño que se haya llegado a esto, según informa Romeu desde El País.

Evidentemente, en la Universidad, donde son más o menos inteligentes y con estudios, había muchos profesores que no comulgaban con las ruedas de molino neoprimitivas. Y hasta se reían de estas ideas y de quienes las sostenían... en privado.

Porque, en la Universidad, no es posible sobrevivir sin un apoyo o grupo que nos acepte. Y aquellos que recibían apoyo de los neoprimitivos se guardaban mucho de discutirles sus ideas a la cara, pues sabían que les retirarían el apoyo y serían echados de la Universidad y, por lo tanto, de su trabajo y de su carrera. -¡Necesito unos amigos! ¡Y si me haces hablar delante de ellos, ya no te hablaré más!, -respondían si algún compañero quería hacer frente a estas ideas neoprimitivas. -Hablo contigo muy a gusto a solas, pero necesito a mi mujer, y si he de escoger entre ella o tú... -decían otros. Y es que es duro perder el trabajo y la familia por no transigir con las tonterías de moda. ¡Tonterías a las que no se da importancia!

-¡Piensa que ellos están en las Comisiones de Contratación y en la Comisión Económica! ¡Si les llevas la contraria, te echarán, aunque no dirán que es por esto! ¡Ya buscarán una excusa! -advertían al escrupuloso que quería decir algo...

Cuando la represión es "franca", el represaliado pasa a ser un héroe para la sociedad. Con la represión encubierta, pasa a ser sólo un estúpido en el mejor de los casos, pues lo normal es que pase a ser un "facha" o un "machista". ¡Con razón decía Vázquez Montalbán que "contra Franco luchábamos mejor"! ¡Si te castigaban, "hacías puntos"! Franco era un enemigo digno para cualquiera, pero las tonterías no lo parecen, hasta que nos han comprometido y dominado totalmente.
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Claro que también había muchos profesores que no eran de los círculos neoprimitivos. Pero éstos no se interesaban por estos problemas. Sólo decían:

-¡Bah! ¡No les hagas caso! ¡Son unos subnormales! ¡No te preocupes por esta gente (o gentuza)!

¡Claro! Ellos no tenían que preocuparse: pertenecían a otros círculos de aliados, a otras "capillitas" igualmente egoístas, pero con otras ideas.

Desde entonces, NO HAY NADIE que se preocupe por el conjunto de la sociedad. Ni por la violación de los derechos, ni por la muerte de milies y miles de jóvenes, ni que sean millones de ciudadanos. Todos somos pícaros indiferentes a la justicia. O simplemente, indiferentes sin ser ni pícaros. Simples ciegos de mente para todo lo que no sea interés individual.

La picardía, el "ingenio", como dice José Antonio Marina, triunfa destruyendo valores. No es lo mismo que inteligencia, que consiste, sobre todo, en construir valores. La destrucción de los valores nos deja indefensos, pues ni siquiera existe el valor de escucharnos, ni de darnos una respuesta coherente.

¡Todo es un "sálvese quien pueda"! ¡Cobardemente, claro! ¡Callando con alevosía!

Hoy día, ningún político está interesado por la verdad ni por el derecho de los ciudadanos y casi ninguno por la supervivencia de su pueblo.