Natalidad y Defensa

Después de los derechos, el tema importante que menos preocupa en Europa es la natalidad.

Y, tras la natalidad, otro tema que interesa poco es la defensa. Es común, incluso, pensar que no se necesita defensa de ninguna clase.

Son tres temas íntimamente relacionados. Respecto a los de natalidad y defensa, al paso que vamos, la media de edad europea se situará pronto en los 40 años. En estas condiciones, ¿con qué soldados contará Europa?

Si, además, Europa traiciona contínuamente a sus jóvenes y viola sus derechos, no es extraño que muy pocos estén dispuestos a defenderla.

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Falsa identificación de conceptos:

Existe una falsa identificación de conceptos: aunque no nos damos cuenta, nuestra mente actúa sintéticamente, automáticamente, poniendo en un mismo saco los conceptos considerados malos y en otro saco los considerados buenos. Y esta clasificación no sólo no se hace racionalmente, sino que nos cierra o "blinda" ante cualquier intento de hacernos razonar.

En efecto: si alguien se muestra preocupado, por ejemplo, por la baja natalidad de los españoles (o catalanes, etc.), automáticamente corre el riesgo de ser puesto en el saco de los machistas, fachas o racistas, militares, represores, etc., pues estos asuntos están todos "en el mismo saco", y no entendemos que alguien se vincule a uno sin vincularse a los demás.

En el chiste de "El Jueves" se vincula ser militar y fascista, incluso nazi y racista, y nacionalista, a la circunstancia de preocuparse por la sustitución de la población autóctona por otra. Esta sustitución radica en la imposibilidad de afrontar las violaciones de derechos que impiden la natalidad autóctona, pues es imposible afrontar un problema si somos condenados por hacerlo.

Negligencia ante la educación de los niños

Para quienes consideramos los derechos de las personas, el militar del chiste no sólo es condenable por despreciar a los inmigrantes, sino por no haber tenido en cuenta, durante muchos años, los derechos de los ciudadanos, violados ya en su educación: nadie ha recordado que era a los varones a quienes se les exigía "hasta la última gota de sangre" para defender la Patria. Como pago y recompensa, hemos olvidado sus derechos: algo que a los militares no debería habérseles escapado.

La discriminación de los varones respecto a las mujeres es obligatoria en nuestra sociedad, sobre todo en la "clase política". A nadie preocupa, por ejemplo, que se considere que los hombres tienen 8, o 14 años menos de esperanza de vida que las mujeres, ni que esta diferencia se atribuya a una inferioridad biológica. Lo mismo ocurre con el hecho, por ejemplo, que la población penal en Europa sea 20 veces mayor entre los varones, o que el suicidio sea 3 veces mayor, así como el asesinato, etc. No nos importa atribuir todo esto a una inventada inferioridad biológica de los varones. Las discriminaciones que sufren son llamadas "positivas" por la clase política, y los prejuicios contra ellos son considerados igual de meritorios.

Sin embargo, no nos damos cuenta de que estas discriminaciones y prejuicios también los sufren los niños de la escuela. Tampoco a nadie importa que vayan peor que las niñas, ni que se suponga gratuitamente que es porque son menos inteligentes, etc.

Por lo tanto, su retraso educacional no se corrige. Además, son educados en la irracionalidad de no tener derecho a no ser discriminados, mientras todos repetimos que rechazamos todas las discriminaciones y todos los prejuicios, especialmente los que son por razón de sexo.

La irracionalidad y el engaño de sus mayores no es compatible con su educación, pues tiende a destruir cualquier personalidad sana.

El resultado es el rechazo intelectual, político y judicial de los varones, lo que disminuye sus posibilidades de salir adelante, de terminar sus estudios, de sobrevivir a la juventud, de fundar una familia, etc.

Además, se da la circunstancia agravante de que a los chicos se les exigen más estudios que a las chicas, lo que provoca un efecto añadido en la caída de la natalidad, pues, como cuenta este artículo, las chicas no encuentran varones con nivel de estudios suficiente para ellas (el que ellas exigen).

Pero todo esto nos tiene sin cuidado, pues tampoco nos importa que los jóvenes fracasen, que se mueran, que vayan a la cárcel o que no puedan casarse.

Por culpa de esta indiferencia, nuestra sociedad se autodestruye. Sobre la violación de los derechos de los chicos en la educación, podéis ver:
http://edipo.info/mapatem.htm, columna "EDUCACIÓN"