Derechos propios

Derechos propios son aquellos que deben ser garantizados por la justicia sin excusa ninguna.

Por ejemplo: en un juicio, quien es juzgado tiene derecho a un abogado. No se le puede negar este derecho en ningún caso: si no se le puede encontrar un abogado, debe suspenderse el juicio

Derechos impropios:

En cambio, los derechos impropios se pueden perder por causas distintas a la violación del derecho.

Por ejemplo: el derecho a la vida. Significa que nuestra vida debe ser protegida, que nadie debe atentar contra nuestra vida, etc. Pero también la podemos perder sin que nadie haya atentado contra ella o dejado de protegerla. Que perdamos la vida no quiere decir que se haya violado nuestro derecho a la vida, pues nos puede llegar la muerte sin que pueda hacerse nada contra ella

Esta distinción tiene mucha importancia en derechos como el de la vivienda. Puede que no haya suficientes viviendas, o que no tengan la extensión o las condiciones que serían deseables. Entonces, nuestro derecho a la vivienda no sería efectivo, pero por causas de fuerza mayor, y no porque alguien violara nuestro derecho. Ahora bien, si lo que ocurre es que se fomenta o no se procura evitar la especulación, si no se toman medidas para que este derecho a la vivienda sea efectivo, entonces sí que se está violando nuestro derecho a la vivienda.

Por esta razón es muy, muy importante que el precio y las condiciones de acceso a la vivienda no se consideren naturales, simples consecuencias de inexorables leyes del mercado . No es así porque el poder político ha procurado las condiciones de dificultad de acceso ahora existentes cambiando las leyes para que así sea. Y ello a partir de una situación previa de protección del derecho a la vivienda. Lo que hace su actuación todavía más grave, pues, en lugar de tender a hacer efectiva la Constitución, lo que ha hecho ha sido alejarse de ella.

Nueva lucha de clases generacional:

Violando la Constitución, nuestros dirigentes han creado una discriminación temporal y generacional, pues los que necesitaban vivienda antes de que cambiaran las leyes del régimen anterior podían alquilarla en condiciones muy ventajosas, o comprarla a muy buen precio. En cambio, una vez derogadas las leyes protectoras del derecho a la vivienda sin que se aprobaran otras, sino todo lo contrario, aquellos que, por no poseer vivienda han de comprar una, lo tienen hasta 10 veces más caro y el alquiler en muy peores condiciones y también mucho más caro. Hasta el punto de que la vivienda es un gran medio de explotación de los desposeidos de bienes inmobiliarios, como lo son muchos jóvenes.

Pensemos que el suelo es un bien limitado. Si una parte de la población lo acapara y, además, tiene el poder político y sojuzgado al poder judicial, como está ocurriendo ahora, puede pedir lo que quiera a los desposeidos a cambio de permitirles acceder a la vivienda, pudiendo incluso dejar de realizar trabajo útil, parasitando a los demás.

Se ha creado así una explotación y una desigualdad. Entre generaciones, pero también entre aquellos que heredan y los que no. El trabajo, el propio esfuerzo, ya no es lo más importante, pues es insuficiente para adquirir vivienda.

Nuestros dirigentes han creado una versión de lucha de clases en la que las clases son más bien generaciones, pero, sobre todo, en las que la diferencia de clase no está en la propiedad de los medios de producción, sino en el acaparamiento del suelo. Y existe una feroz competición para acapararlo porque quienes lleguen los últimos lo tendrán peor.

Esta explotación generacional está produciendo un verdadero GENOCIDIO entre los jóvenes, que en algunos Estados es ya mucho mayor que el genocidio nazi, y produciendo verdaderas "democracias" carceleras. En España, la población penal rebasa 5 veces la de tiempos de Franco, en condiciones mucho peores, y la de los Estados Unidos ya rebasó los 2 millones de presos hace años, con profusión de la pena de muerte, que ya cotiza cada vez más en el mercado del voto.

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