Huelga sexual

Jacques Rueff insisite en que las relaciones entre individuos inteligentes generan el discurso y la forma de comportamientos colectivos... que no siempre son inteligentes.

También indica la influencia del hecho de ser hombres y mujeres quienes se relacionan, sin especificar en qué influye esta circunstancia.

Chris Knight nos aclara algo de este extremo con su teoría: llegó un día en el que las mujeres inteligentes llegaron a un acuerdo corporativo consistente en negar relaciones sexuales a los hombres que no les trajeran lo que ellas pedían, especialmente la carne de la caza. Es el origen de lo que Marvin Harris llama intercambio de sexo por servicios.

Este intercambio no es en si injusto, pues sin él las mujeres cargarían casi solas con el mantenimiento de los hijos pequeños. Además, especialmente durante el embarazo y la lactancia, estarían en inferioridad de condiciones para buscarse el sustento.

Por lo tanto, forzar a los hombres a "pagar" por el sexo es un paso hacia la igualdad, pues es una corrección de una desventaja natural vinculada a la reproducción.

Pero por culpa de este pacto colectivo aparece la represión sexual femenina, que no se da en otras especies cercanas a nosotros. En efecto: la "huelga sexual" femenina implica la represión de aquellas mujeres "esquiroles" que no se nieguen a tener relaciones sexuales con los hombres que, según el criterio colectivo, no las merecen.

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En otras especies, los únicos que padecen represión sexual son los machos, cuando los machos dominantes les mantienen alejados de sus harenes por la fuerza. Pero las hembras no impiden que las demás hembras tengan relaciones sexuales con los machos, que son los "amos del harén". A lo más, pueden matar o expulsar a una hembra "intrusa" si el harén es permanente, como es el caso de las leonas.

Además, si una hembra no fuera atendida por el o los machos dominantes, podría tener relaciones con los muchos machos "solteros" que se mueren de ganas por tenerlas, pero que no pueden porque las hembras prefieren a los machos dominantes y estos no les permiten acercarse.

Este sistema de otras especies es muy bueno para seleccionar para la reproducción los machos más fuertes y vigorosos, pero desperdicia la contribución que podrían hacer la mayoría de los machos a la alimentación, defensa y progreso de la comunidad. Por lo tanto, las comunidades con el sistema tradicional animal de uno o pocos machos dominantes con todas las hembras a su disposición tendrían menos rendimiento que los sistemas en los odos o casi todos los machos estuvieran integrados compitiendo entre ellos no tanto para expulsarse mutuamente como para ayudar a las hembras a proteger, alimentar y educar a sus crías y a ellas mismas.

Además, en el caso de lucha entre grupos, el que incluyera a los machos sería mucho más eficaz que el que tuviera únicamente unos pocos machos dominantes poseedores de un harén. Este sistema sólo puede darse en grupos bastante aislados. Han sido encontrados por los antropólogos grupos humanos en los que todos los niños son hijos de una minoría de hombres, que dominan la totalidad de las mujeres en edad fértil.

Hubo un famoso caso de unos fugitivos, hombres y mujeres, que se refugiaron en la isla de Picrain, quedando aislados. En diez años, los hombres se habían matado entre sí hasta quedar uno solo. (Realidad fabricada, al final) (Cat.)

Claro, este sistema asimétrico por el hecho de que los hombres deben dar a las mujeres más que las mujeres a los hombres, las obliga a ellas a una asimetría en el ofrecimiento sexual: mientras que los hombres no tienen motivo alguno para negarse a hacer sexo si tienen ganas, las mujeres necesitan a menudo negarse a ello para así forzar a los hombres a ayudarlas. Y no sólo a negarse individualmente, sino a impedir que los hombres puedan satisfacerse en otras mujeres, especialmente si les piden menos.

Este mecanismo está presente en el matrimonio tradicional: el hombre sólo podía acceder a la mujer si se casaba con ella, y para casarse necesitaba, en general, tener un trabajo o unos medios de subsistencia en consonancia con la clase social de ella. Por lo tanto, el matrimonio era en gran medida un contrato económico, y en ciertas clases sociales a menudo el hombre no podía casarse hasta haberse situado económicamente, a una edad bastante madura, mientras que las mujeres solían casarse muy jóvenes.

Aunque el matrimonio tradicional fuera un contrato entre dos, las reglas del juego eran colectivas, pues la mujer que mantenía relaciones sexuales sin casarse fácilmente era rechazada y considerada una "puta", aunque no cobrara por ellas.

Por lo tanto, la represión sexual entre los humanos abarca ambos sexos, pero con mecanismos distintos: a las mujeres, sobre todo las jóvenes, no les faltan varones que quieran mantener relaciones sexuales con ellas: incluso tienen un exceso de ofertas (acoso). En cambio, los varones sufren abstiencia sexual, no a causa de que las mujeres no les ofrezcan suficiente a cambio de las mismas, sino porque ellas se las niegan.

Este sistema comporta una represión sexual y un "malestar en la cultura" que puede ser más o menos severo, y puede entrar en crisis por diversos motivos, llegando a hacer a las personas tremendamente infelices y neuróticas o bien llevando a la sociedad a la autoextinción y al caos.