Inteligencia e
igualdad de trato

Queda muy mal opinar que las chicas, o las mujeres, son inferiores en algo a los hombres. Sin embargo, es magnífico y meritorio opinar que son los hombres, e, incluso, los niños, los menos inteligentes.

Queda magnífico y, por lo tanto, estas opiniones merecen ser enmarcadas en los periódicos, como ésta en La Vanguardia.

Pero estas veleidades expresivas no son lo peor. Es bueno que cada cual exprese su opinión. Pero, ¿por qué no pueden expresarse las opiniones contrarias? ¡O, simplemente, científicas!

Irían contra la igualdad, contra el derecho, producirían traumas intolerables en la mujeres, y mucho más en las niñas...

Pero, y en los niños, ¿no producen también traumas intolerables? ¿No son también violaciones de sus derechos? Si los niños y los chicos se suicidan más que las niñas y las chicas, si su mortalidad crece de una manera abrupta al llegar a la adolescencia y cada vez más exageradamente, ¿no será que también son afectados por estas opiniones que, se supone, serían tan dañinas para las niñas? ¿Por qué no se piensa que también son dañinas y discriminatorias para los niños?

Si alguien opinara lo mismo contra las mujeres, enseguida se pediría su cabeza. No nos contentaríamos con criticar sus opiniones, ni con su desmentido o arrepentimiento: se pediría un castigo fulminante, como con el profesor Alberto Espuelas.

Y no nos damos cuenta de que lo peor no es una opinión expresada francamente, sino un prejuicio aplicado sistemáticamente en lugar del derecho de los niños: la noticia a la que hace referencia el autor de estas opiniones discriminatorias fue la de la primera investigación sobre los resultados del nuevo Sistema Educativo, que arrojaron un claro aumento del fracaso escolar de los chicos. ( Alberto Espuelas )

En lugar de aplicar la ley, la LOGSE, la administración secuestró la investigación y despidió a sus investigadores. ¿No es ello una muestra de que aplica unas ideas parecidas a las del autor de este artículo? Unas ideas que "justifican" el mayor fracaso de los chicos, y que coinciden con las aceptadas universalmente, que "justifican" también su mayor caída en la droga, su mayor ingreso en prisión, su mayor mortalidad, etc.

Unas ideas o prejuicios que la administración APLICA, pero que no tiene la honestidad, ni la franqueza, de expresar abiertamente.

Es lógico que en una sociedad machista se admitan quedamente estas "justificaciones", pues el mayor beneficio biológico de los varones dominantes es la eliminación de sus competidores, proceso que ya inician en la escuela.

Esta mayor mortalidad en la paz supera la mayor mortalidad que se producía entre los jóvenes varones enviándolos a las guerras.

Por lo tanto, podemos decir que la violación de sus derechos y la desigualdad de trato ya desde la escuela es un sucedáneo de la guerra en lo que se refiere a la eliminación de vidas de varones jóvenes.

Pero esta forma "pacifista" de eliminarlos es mucho más dañina que la tradicional. En efecto: comparemos el trato de los esclavos en una escuela de gladiadores con el trato en un campo de exterminio. La muerte está igualmente presente en ambos casos. En la escuela de gladiadores, vale poco la vida de los esclavos. Pero a la escuela también le importa ganar. Por lo tanto, los alimentará bien y los entrenará mejor. Incluso, les dará una pequeña posibilidad de salir con vida pasados algunos años de combate, cuando ya les haya sacado la mayor parte de su rendimiento. http://edipo.info

Y les fomentará su orgullo y su vinculación a la escuela, los socializará, pues es una virtud que les animará a luchar con más fervor, lo que contribuye al éxito de la escuela de gladiadores.

Pero, ¿qué ocurre en un campo de exterminio? El provecho o rendimiento que se quiere sacar de los prisioneros es totalmente secundario. Lo que importa es eliminarlos. No es importante desarrollar sus habilidades, y no es conveniente que tengan fuerza, ni conocimientos, ni valor, ni orgullo. Ni mucho menos, inteligencia. Ni noción de sus derechos.

Por esta razón, los niños son educados en la ignorancia de sus derechos, en el tabú de pensar en ellos, o de mencionarlos. En la humillación oculta.

El Servicio Obligatorio sólo-para-varones fue una mezcla esperpéntica de ambos métodos. Por un lado, debían prepararse para defender al Estado que viola sus derechos. Pero, por otro lado, no debían atreverse a mencionar estos derechos. O sea, debían ser valientes, estar dispuestos a ser héroes, pero sin atreverse a mencionar sus derechos, como si no fueran ciudadanos. Por ello, fracasó.