Prejuicios prohibidos y
prejuicios "oficiales"

Etimológicamente, un pre-juicio es aquello que creemos sin haberlo enjuiciado, sin haberlo pensado o investigado.

En la práctica, consideramos prejuicios aquellas convicciones fimes, pero falsas, de las que el individuo está completamente seguro, pero sin haber comprobado su veracidad.

¿Cómo podemos estar seguros de algo sin haber comprobado su veracidad? Pues, en la mayoría de los casos, porque lo hemos oído decir muchas veces, porque nuestra mente está predispuesta a pensar mal de alguien o de un cierto grupo, por la razón que sea, de procedencia, de raza, de sexo, de clase, aspecto, etc.

Sólo vemos los prejuicios de los demás
Algo evidente, pero en lo que no caemos, es que cada cual sólo ve los prejuicios de los demás. Los propios no se ven: nos parecen verdades.

Esto es muy importante en una sociedad donde se persiguen los prejuicios: quién perseguirá los prejuicios de los perseguidores? Evidentemente, NADIE. Y, en una sociedad democrática, los prejuicios de los perseguidores, del PODER POLÍTICO, suelen ser los de la mayoría.

La mayoría, pues, reforzada por el poder político, persigue los prejuicios de las minorías. Y refuerza sus propios prejuicios, haciendo creer que los prejuicios de las minorías son los únicos prejuicios existentes. Además, son también considerados prejucios las verdades razonadas que se oponen a los prejuicios oficiales, con lo que se anula la razón y se impone el IMPERIO DE LOS PREJUICIOS OFICIALES.

Ésta es la situación en todas las democracias occidentales. Creen perseguir los prejuicios, pero HAN AHOGADO LA RAZÓN.

Autoprejuicios

Se da por supuesto que los prejuicios son siempre contra otros, contra otros grupos, especialmente.

Pero no siempre es así: pueden ser muy fuertes los prejuicios contra iguales, sobre todo por razones de competencia.

Actualmente, los varones occidentales tienen, o están dispuestos a aceptar, cualquier prejuicio contra su propio sexo. Por razones de competencia, pues los demás varones son sus competidores, y por razones de educación y de influencia de los políticos y de los medios de comunicación, que, por lo menos, insinúan o presuponen estos prejuicios.

Prejuicios que se afirman o insinúan:

Que su vida es más fácil y feliz que la de las mujeres. Que ganan más por el mismo trabajo.

Que tienen y quieren retener el poder. Que abusan de las mujeres y las maltratan y las explotan (antes de 1997, no se consideraban que las maltrataban, sino que les negaban el placer sexual y la libertad sobre su propio cuerpo).

Prejuicios que se presuponen:

Que su esperanza de vida es menor (8 años en España) porque son más débiles.

Tienen mayor fracaso escolar porque son menos inteligentes, o porque se interesan menos por el saber.

Que se suicidan más porque son psíquicamente más débiles.

Que tienen más accidentes porque son más agresivos.

Que mueren más por la droga porque son más viciosos.

¿Cómo recuperar la razón?

No somos conscientes de nuestros propios prejuicios porque nos parecen verdadeos. ¿Cómo podemos descubrirlos?

Muy fácil: investigando nuestras convicciones, podemos ver si son verdaderas o seguras, o si son falsas o inseguras.

Ni los gobernantes ni los jueces deberían basar sus discursos y decisiones en lo que se dice, sino en lo que se puede deducir del estudio de la realidad.

 

Que van a la guerra, o hacen la mili porque son los únicos capaces de matar. Las mujeres no son capaces, pues "dan vida" (estos prejuicios se han atenuado desde que las mujeres se han incorporado al ejército y la mili ha desaparecido).

Que van más a la cárcel porque son más delincuentes, moralmente peores que las mujeres.

Todas las desventajas de los varones se "explican" con prejuicios de los que ellos mismos son entusiastas.

Ver: Realidad fabricada.

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